Una Carroña (Poema y actividad)

Lee «Una Carroña», poema de «Las Flores del Mal» y responde estas dos preguntas:

1) ¿Cómo se relaciona este poema con nuestra idea habitual de lo que es la poesía?

2) ¿Cómo interpretas las tres últimas estrofas del poema ? 

Puedes enviar tu respuesta por whatsapp, (Sería ideal que fuera una foto de lo que escribiste a mano), o a mi mail: gattifabian@gmail.com

No olvides incluir en la respuesta tu nombre, apellido y grupo.

“Una carroña”

Recuerda aquel objeto que vimos, alma mía,
una suave mañana estival:
al codo de un sendero, una carroña infame
en un lecho sembrado de piedras,

con las piernas al aire, como una mujer lúbrica,
ardiendo y sudando venenos,
abría de una manera despreocupada y cínica
su vientre de exhalaciones pleno.

El sol resplandecía sobre esa podredumbre,
como para cocerla a punto,
y devolver por céntuplo a la Naturaleza
todo lo que junto reuniera.

Y el cielo contemplaba la soberbia osamenta
que se abría como una flor.
Tan fuerte era el hedor, que allí sobre la hierba
te creíste desvanecer.

Las moscas bordoneaban sobre ese vientre pútrido,
y salían negros ejércitos
de larvas que corrían como un espeso líquido
por esos vivientes jirones.

Todo eso bajaba y subía en una ola,
se abalanzaba crepitando;
dijérase que el cuerpo, lleno de un soplo vago,
vivía multiplicándose.

Y ese mundo emitía una música extraña,
del agua que corre y el viento,
o el grano que un labriego con movimiento rítmico,
agita y vuelve en su tamiz.

Las formas se borraban y no eran más que un sueño,
un esbozo lento en venir
a la tela olvidada, y que el artista acaba
solamente por el recuerdo.

Por detrás de las rocas, una perra intranquila
nos miraba con ojo airado,
espiando el momento de arrancar del cadáver
el trozo que había lamido.

-¡Sin embargo serás como ese desperdicio,
como esa horrible infección,
estrella de mis ojos y sol de mi universo,
tú, ángel mío, mi pasión!

¡Sí! Así serás tú, oh reina de las gracias,
después del postrer sacramento,
cuando vayas, bajo hierba y florescencias fértiles,
a enmohecerte entre los huesos.

¡Entonces, mi belleza, diles a los gusanos
que con besos te comerán,
que he guardado la forma y la esencia divina
de mis amores descompuestos!

“Las flores del mal” (1857), de Charles Baudelaire.
Ed. Banda Oriental. Montevideo, 1983. Traducción de Edmundo Gómez Mango

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